¡España también tuvo su Guerra de Independencia! La influencia de la invasión napoleónica a España en los inicios de la Independencia venezolana.








                                    
                 

“Esta desgraciada guerra de España ha sido la causa primera de todas las desgracias de Francia… Todas las circunstancias de mis desastres viene a ligarse a este nudo fatal; ella destruyó la moralidad de Europa, complicó mis dificultades, abrió una escuela a los soldados inglesesEsta desgraciada guerra me ha perdido”.
NAPOLEÓN BONAPARTE[2]

Con estas palabras valoraba Napoleón Bonaparte la guerra que sus tropas habían tenido en contra de España desde mayo de 1808 hasta mayo de 1814, año este último que retorna Fernando VII al trono español. Y es que al momento de analizar la “Guerra de la Independencia española” conseguimos en ella diversos elementos que la hacen muy importante. Por lo menos tres podemos identificar sin problemas: En primer lugar, el hecho que sea un elemento determinante dentro de la construcción de la nación (en la identidad) española, segundo —el cual se infiere con las palabras del mismo Napoleón—, podemos rastrear el comienzo del declive del imperio napoleónico, donde comienza el desgaste. Y por último, la influencia que tiene en los inicios de la gesta independentista hispanoamericana.
En relación al último aspecto es donde nos volcaremos en esta líneas para determinar hasta qué punto la “Guerra de la Independencia española” entra en las “causas externas” de la independencia venezolana. Por medio de la revisión historiográfica intentaremos determinar hasta dónde los sucesos ocurridos en España, a partir del año 1808, son o no determinantes en los primeros pasos de la independencia venezolana. Dentro de este marco nos detendremos brevemente en los sucesos acontecidos en la Península, para luego hacer referencia a nuestro principal objetivo, el cual es ver las reacciones en la Capitanía General de Venezuela.
·         Guerra de la Independencia española
La misma categoría de “Guerra de Independencia” no estuvo absuelta de interrogantes, de objeciones e inclusive de debates para caracterizar a este período, a través de un artículo del profesor Carlos García Cárcel encontramos de manera sintética el debate historiográfico a partir del siglo XIX, no sólo en España sino en Francia y Gran Bretaña, acerca del cómo debía denominarse a este período:
La guerra contra Napoleón se valoró por la historiografía del siglo XIX como la demostración que dio España a Francia de sus propios valores identitarios. Las primeras historias de la Guerra de la Independencia con este nombre, surgen en los años treinta del siglo XIX —Cecilio López o Muñoz Maldonado— y cuarenta —Agustín Príncipe—. Guerra de la Independencia entendida como la lucha de un pueblo que busca garantizar la libertad de su territorio frente al invasor y ocupador extranjero. Pese a que el término ‘independencia’ se usó mucho ya desde el mismo Dos de mayo, costó institucionalizar el concepto de Guerra de Independencia. Las primeras historias de aquella contienda la denominaron Guerra de la Usurpación (Cabanes, 1809) o Guerra de Revolución (García Marín, 1817). La historiografía francesa la llamó Guerra Imperial o Guerra Napoleónica de España. Los británicos la han denominado Guerra Peninsular. La historiografía catalana la llama Guerra del Francés. Por lo tanto, ¿es válido el concepto de Guerra de la Independencia?[3].
           
García Cárcel, refleja que a parte de las distintas interpretaciones dadas en estos países, en la misma España se enfrentan diversas visiones de los sucesos. Por una parte los Conservadores concibieron “la guerra sólo como el medio para retornar a Fernando VII”, y por otra los Liberales “propugna el nacionalismo cívico, de los ciudadanos, no súbditos, y soñaba con la revolución por hacer”.[4] Estas predominan hasta que el Franquismo en el siglo XX reinterprete los sucesos intentando mitificar la lucha y “venderle” a los españoles la imagen de “una España indomable ante el extranjero”[5].
            Un factor fundamental que parece no tener objeciones, es la participación del pueblo español en los sucesos, ya sea una participación espontánea o determinada por ciertos sectores[6], lo cierto es que la intervención del pueblo español es importante y fundamental en la presión ejercida ante los franceses en todo el proceso desde 1808 hasta el final de la guerra en 1814. El mismo José Bonaparte le decía a su hermano Napoleón a su llegada a España:
Hasta ahora nadie ha dicho la verdad a V.M. El hecho es que no hay un solo español que se me muestre adicto, excepto el pequeño número de personas que han asistido a la junta (de Bayona) y que viajan conmigo. Los demás, según que han ido llegando antes que yo a esta ciudad o a otras villas, se esconden, espantados de la opinión unánime de sus compatriotas[7].
Se aprecia cómo el pueblo español hostilizó la estadía de los franceses en Madrid, así como en otras ciudades más, convirtiéndose a partir de este año (1808) en uno de los protagonistas del conflicto.
La participación popular ya se había hecho sentir en España en el motín de Esquilache (1766) y en el de Aranjuez (1808), siendo el segundo el que mayor impacto dejó, presintiendo lo que iba ser el año de 1808 para España, con una alta participación del pueblo llano, cuestión que caracteriza el proceso:
La monarquía, la aristocracia, la iglesia habían logrado, durante siglos canalizar totalmente la vida política española, y el pueblo, murmurando a menudo, lamentándose siempre, amenazando alguna vez, pero no llegando nunca a romper sus ligámenes, había seguido por donde había querido llevarlo sus dirigentes… El motín de Esquilache había dado un aviso… pero en el motín de Aranjuez, el triunfo fue duradero[8].
El motín de Aranjuez cristaliza el descontento social existente en España, por una parte los recelos y la desconfianza que causaba el válido de Carlos IV, (Godoy) el cual era culpado de las “desgracias” de estos años. Por otra parte, la crisis económica que a partir de 1806 se va manifestando en 1808 se agudiza y afecta a gran parte de la población[9].
Todo este ambiente social acrecienta la polarización, manifestada en la oposición del grupo de las fernandinos contra el grupo partidario de Godoy (y por ende de Carlos IV), materializada la rivalidad en dos hechos precisos: El complot de El Escorial (1807), y el motín de Aranjuez (1808), gracias a éste último sube al trono Fernando VII, desestabilizando política y socialmente a España, surgiendo la figura de Napoleón Bonaparte como “mediador” del conflicto[10].
 Lluís Roura nos dice al respecto:
Iba a materializarse en los motines de Aranjuez la mayor muestra de la crisis política existente en España, fruto de la rivalidad que mostraba tanto Godoy y Carlos IV como Fernando, para conseguir el favor de Napoleón. Carlos y Godoy avalaban la presencia de las tropas imperiales en España reclamando a cambio su apoyo frente a los conspiradores, y los fernandinos veían al Emperador como el garante necesario para el reconocimiento de Fernando en el momento en que éste se proclamara rey. Es obvio, pues, que a Napoleón no le resultara difícil sacar políticamente el mayor provecho de esta situación. Ello le permitió hacer realidad su idea de situar a unos de sus hermanos en el trono español[11].

Napoleón consigue sacar provecho de la situación al reunir en una pequeña ciudad de la Vasconia francesa, Bayona, a la familia real española[12], en donde el mismo Carlos IV había propiciado la intervención de Napoleón en 1807 con la firma del tratado de Fontainebleau. En 1808 provoca nuevamente su intervención. Decía Carlos IV:
[…] con todo lo que este mismo grande hombre –Napoleón–  quiera disponer de nosotros y de mi suerte, la de la reina y la del príncipe de la paz… Protesto y declaro que mi decreto del 19 de marzo en el que he abdicado la corona a favor de mi hijo, es un acto a que me he visto obligado para evitar mayores infortunios y la efusión de sangre de mis amados vasallos: y por consiguiente debe ser considerado como nulo[13].

En Bayona, el emperador francés como “mediador” consigue que Fernando le devuelva la corona a su padre, Carlos IV, y que éste abdique en Napoleón Bonaparte, “renunciando en él ‘todos sus derechos al trono de España y de las Indias’, sin otras condiciones que la integridad del reino y el mantenimiento y la exclusividad de la religión católica”.[14] Napoleón ya tenía planes de dejar la corona española en manos de un hermano, puesto que para él “España se hallaba vacante. Fernando no era más que un usurpador”.[15] Primero se la ofrece a su hermano Luis, rey de Holanda, a este le escribe: Hermano mío, el rey de España acaba de abdicar… Hasta esta hora el pueblo me llama a grandes gritos. Seguro de que no tendré paz sólida con Inglaterra, si no es dando un gran movimiento al Continente, he resuelto poner un príncipe francés en el trono de España[16].
Ante la negativa de sus hermanos Luis y Jerónimo –luego de que Luis no la acepta se la ofrece a Jerónimo– decide contactar al para aquel entonces rey de Nápoles, su hermano mayor José Bonaparte, para darle el trono de España, el cual desde su llegada a España en Julio, se dio a  la tarea de “limpiar” un poco su imagen y la de los franceses, de los cuales se decían, entre otras cosas, que iban a reclutar a todos los hombres españoles para engrosarlos es las filas del ejército de Napoleón Bonaparte.



José Bonaparte visto por los españoles.

No obstante la imagen de los franceses difícilmente se “limpió”, puesto que la resistencia feroz por parte del pueblo español no se hacía esperar, toda España respondía ante el invasor, en todas las regiones se formaban Juntas Provinciales, las cuales: “estaban cimentadas en el principio según el cual la soberanía debía ser custodiada por el pueblo en ausencia del monarca, en este caso Fernando VII”[17].
·         Reacciones en la periferia: caso venezolano.
Nadie puede negar que lo acontecido en España desde marzo de 1808 tuviera sus repercusiones en América. Al saberse los sucesos que vivía la Metrópolis los americanos no se quedaron inertes sino que decidieron actuar, de eso no existe discusión. Los sucesos en España impactan con fuerza en América. Por eso trataremos los sucesos de este año y cómo se vivieron en Venezuela, especialmente en Caracas, a través de la revisión historiográfica para percatarnos hasta qué punto pueden considerarse estos sucesos como los iniciadores de la revolución independentista venezolana. Bien pudiésemos incluir a toda Hispanoamérica ya que mantiene unos rasgos comunes para todos los países, sin obviar desde luego, las particularidades[18]
El siglo XIX venezolano dista mucho de ser sencillo, todavía 200 años después seguimos con dudas sobre la compresión del proceso que comenzó a partir de los primeros años de este siglo, la construcción de la república. Por eso son muchas las iniciativas, desde el mismísimo siglo XIX hasta nuestros días que buscan una mayor compresión histórica de este siglo.
De aquí la iniciativa de revisar los primeros años del siglo XIX y así observar los primeros pasos de la gesta independentista, para determinar, por ejemplo, si la Independencia de Venezuela fue planeada, producto de las “ideas ilustradas”  que calan en la sociedad debido a que ya los blancos criollos estaban cansados de las injusticias de los españoles, o por el contrario la Independencia se puede catalogar como un accidente, ya que en estos años los reclamos que le hacían los criollos a los peninsulares se pudieron solventar (reclamos que se inician con la aplicación y profundización de las Reformas Borbónicas en la segunda mitad del siglo XVIII), es decir, la reconciliación pudo ser posible, como lo afirma el Prof. Germán Carrera Damas en su libro Una nación llamada Venezuela.
En este libro el Prof. Carrera Damas explica cómo para los años de 1812,  y en los años de 1814 y 1815 fue posible llegar a un acuerdo entre los criollos y los peninsulares, sabemos que es un error en la Historia trabajar con hipótesis contra-factuales pero cabe  preguntarse ¿qué hubiera pasado si los acuerdos se hubiesen concretados? Sobre todo, desde la óptica que nos alerta Carrera Damas: En efecto, la pacificación fue posible en aquel momento. Una visión patriótica de la historia hace pensar que la emancipación fue un proceso irreversible, desencadenado de tal modo que cualquier posibilidad de que no culminase de seguida estaba fuera de las expectativas de la mayoría de los venezolanos[19].
Ahora bien, volviendo a los primeros años a partir de los sucesos de 1808  para percatarnos de las repercusiones en Caracas, como ya se dijo vamos a revisar la historiografía venezolana siguiendo un cierto rigor cronológico según fueron apareciendo las obras –esto para fines didácticos–, y así ubicarnos en cuanto a las diversas opiniones respecto al tema.
A través de un proyecto enmarcado en la construcción de la república, el marabino Rafael María Baralt, bajo el patrocinio del gobierno nacional escribe en tres tomos su obra: Resumen de la Historia de Venezuela, publicada en 1841, se podría decir que es la primera obra que se construye para conocer el pasado de la naciente república enfocada sobre todo en la “gesta emancipadora”. María Baralt nos dice al respecto de la repercusión en el pueblo caraqueño cuando se enteró de los sucesos acaecidos en España, especialmente cuando en el mes de julio de 1808 llegó al puerto de La Guaira comisionados franceses de Murat, ante ellos:
Conmuévese el pueblo, cunde el entusiasmo: la suerte de la real familia reducida a cautiverio en premio de su noble confianza, excita en todos los corazones la más viva indignación: libertarla es el voto de todos: permanecer unidos a España el sentimiento general[20].
 Rafael María Baralt alega también, que no habían intensiones aquí en Venezuela de separarse de la metrópolis en los sucesos que van desde 1808 a 1810, es más, observemos cómo evalúa él estos sucesos:
Tanta violencia causó al fin el sufrimiento de todos, así criollos como españoles se dieron prisa a derribar a Emparán del mando, no porque entrase en su plan la mira de separar la colonia de la madre patria, sino únicamente por formar un gobierno análogo al de ésta. La revolución de Gual y España manifiesta que la independencia no era una idea desconocida en el país; más sólo pocos la tenía, si bien los más nobles, ricos e ilustrados. Porque a decir verdad las clases más numerosas del pueblo, miserables e ignorantes, ni siquiera concebían el sentido de la palabra, mucho menos la conveniencia de variar un orden de cosas a que las apegaban varias y fuertes simpatías. Guardáronse pues los principales conspiradores de dejar traslucir en su proyecto un pensamiento que lo habría hecho impopular, y desde luego aseguraron que su único fin era conservar los derechos de Fernando VII[21].
Ante lo expuesto por Baralt es difícil sacar ciertas conclusiones acerca de la posición de él, puesto que al parecer estos hechos –de Bayona– para nada influyen en la independencia en un principio, sin embargo, empieza dibujarse la noción de que la independencia es un proyecto de una élite ilustrada mal comprendida por el pueblo llano, cuestión que marca todo el curso de la historiografía denominada “Historia Patria”.[22]
La perspectiva de Francisco González Guinán es mucho más abierta y clara a la hora de calificar si los sucesos acarreados por la invasión Napoleónica a España son determinantes para prender la chispa emancipadora, González Guinán en su Historia contemporánea de Venezuela publicada entre 1891 y 1915, nos dice al respecto:
Los sucesos ocurridos en España… produjeron primero en la Península y luego en la América, movimientos reaccionarios… en América los hijos de Caracas fueron los primeros en el continente en protestar que sí eran aptos para la independencia. Por el momento juraron el reconocimiento de Fernando VII, pero proclamaron el gobierno propio, y el Cabildo y pueblo de Caracas resolvieron el 19 de abril de 1810 desconocer al Capitán General Vicente de Emparan, declarando que Venezuela, en uso de sus derechos naturales y políticos, procedería al establecimiento de un gobierno que ejerciese la soberanía en nombre y representación del dicho Fernando VII[23].
Todos estos sucesos, para Guinán, no son los que conllevan a la ruptura política con España, pero es si se quiere los que dan pie para ella pues según él habían otras razones de peso para la Independencia. Dichos sucesos sólo son aquí “aprovechados”. Referente a los sucesos del 19 de abril de 1810, alega:
Cansados los Americanos de una dominación colonial que para aquel día cumplía trescientos diez y ocho años, viéndose en casi su totalidad preteridos del ejercicio de las funciones públicas y notando que bajo aquel sistema no hacían camino el progreso ni la civilización, resolvieron hacer públicos los sentimientos que tiempo hacía devoraban en privado, aprovechándose de los tristes sucesos de España para proclamar, como hemos dicho, el gobierno propio, lo que equivalía a dar audazmente el primer paso a la senda de la independencia, por más que en aquel momento constituyeron una Junta sostenedora de los derechos de Fernando VII[24].
Al igual que para González Guinán, para otro gran estudioso de nuestra historia como lo fue Carlos Siso, en su libro La formación del pueblo venezolano, publicado por primera vez en 1941, los sucesos de Bayona son los que dan pie para que los criollos cumplieran su sueño, tomar el poder político, es decir ya habían planes concretos por parte de ellos –los criollos– para concretar la ruptura:
Al amparo de esa ‘resolución’ (del 19 de abril de 1810), el grupo dirigente de Caracas, influyente en las decisiones de su Cabildo, se adueñó del Poder, arrogándose también la facultad de ejercerlo sobre todas las provincias que componían la Capitanía General de Venezuela… Se realizaba el viejo sueño de los ‘blancos criollos’: sustituir a las Autoridades españolas en el Gobierno, no ya en la entidad local, provincial o municipal, sino bajo una concepción espiritual más amplia, en un sentido nacional, que envolvía ya la idea de patria[25].
A mediados del año 1957 la comisión de Historia del Instituto Panamericano de Geografía e Historia[26], publica un libro titulado El 19 de abril de 1810, en el cual encontramos una serie de ensayos de diferentes estudiosos venezolanos acerca del tema, además también encontramos unos documento históricos tales como: el informe de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela de 1909, la relación de Emparan (sobre los sucesos del día 19 de abril) y la versión del Intendente de ejercito y real Hacienda (para esos años) don Vicente Basadre. Para no extendernos en demasía hemos preferido solamente rescatar algunas líneas de nuestro último personaje, las cuales pueden abrir diversas líneas de interpretación, que de hecho confirma lo ya dicho por muchos historiadores de que sí habían intenciones por parte de los criollos de separarse de España (sin embargo, no nos detendremos en esa discusión ahora puesto que no es nuestro objetivo en estos momentos). Al describirnos lo que pasaba en Caracas una semana después del día 19 de abril don Vicente Basadre nos dice de la Junta de Caracas:
llega el 27 de abril una goleta española mercante del mando de un ‘fulano’ Serra que salió de Cádiz; trajo buenas noticias. Cuando lo interrogaron por España éste contestó: ‘Nunca habían estados mejores; pues las disposiciones que había dictado el consejo de Regencia, les hacía esperar, no sólo recuperar lo perdido, sino también echar absolutamente a los enemigos de toda la península’. A consecuencia de estas felices noticias cambió el tono la suprema junta de caracas… y empezaron a tomar en boca el nombre del rey… y variar el estilo y el sentido que habían seguido en sus antecedentes Gacetas, manifiestos y proclamas[27].
La versión de un testigo presencial como lo es Basadre es valiosísima, pues  nos da algunos datos interesantes como este que nos dice más adelante. Nos dice básicamente, que habían dos planes de la Junta en esos momento: si Francia domina proclamaban la Independencia y si en España retornaba un rey español se adherían a él, es decir, resalta por sobre todas las cosas la fidelidad al Rey de España y lo antifrancés[28].
Ahora bien, en otro orden de ideas, para Rafael Gallegos Ortiz la independencia venezolana es producto de las ideas ilustradas y por ello es que no pueden responder a circunstancias externas:
Pese a las prohibiciones nos llegaba de contrabando, principalmente en sus barcos, la literatura de una nueva filosofía política… Este bagaje principista se presentaba como algo ideal para los mantuanos de la colonia española, porque le daba revestimiento doctrinario a su descontento económico. Una tesis basada en los derechos inmanentes del ciudadano era para ellos más oportuna, que el orden de las tradiciones coloniales… Concluimos así afirmando que el grito independentista de Venezuela y del resto de países de América Latina, no fue un simple gesto impelido por circunstancias momentáneas, sino que los blancos criollos a través de un minucioso proceso histórico, ya estaban preparados para cortar las trabas que los ahogaban. Con Napoleón o sin Napoleón España, con Fernando o sin Fernando en el trono, la independencia era algo indetenible[29]
            Una afirmación bastante tajante la Gallegos Ortiz, sobre todo al final en la cual deja por sentado que la Independencia era indetenible, la cual contrasta con las observaciones, ya señalas, de Germán Carrera Damas[30], pero que sigue teniendo resonancia en algunos historiadores, los cuales nos presentan el proceso como indetenible.
Para el historiador venezolano Manuel Caballero La derrota española desata el proceso, y así los criollos aprovechan el momento para manifestarse. Caballero ve, entre otros factores, a las ideas ilustradas como causa de la crisis de la sociedad colonial:
… la situación geográfica y su posibilidad de acceso a la educación hicieron que se contaminasen con las ideas revolucionarias que durante todo el siglo XVIII habían comenzado en Europa a minar las bases del antiguo régimen… Con todo, eso no pasaba de ser divertimento de aristócratas ociosos, y la propaganda ya actividad revolucionarias de Francisco de Miranda desde el exterior eran recibidas por el conjunto de la sociedad con indiferencia, cuando no con hostilidad… la invasión de España por las tropas de Napoleón, la abdicación de Carlos IV y la renuncia de Fernando VII, convirtieron a Caracas en un hervidero político[31].
            En Caracas la élite criolla tiene el propósito de constituir una Junta de Gobierno “que rigiese los destinos de la capitanía general de Venezuela a la raíz de la invasión de España de Napoleón… el Cabildo deseaba la formación de una junta similar a las de España y una mayor liberación del comercio exterior, a lo cual se negó el capitán general”[32]. Lo cual es conocido como la “Conjuración de los mantuanos de 1808”, en la cual se puede distinguir una división de los mantuanos: los de la generación más vieja “no aspiraban, al parecer, a la plena independencia, sino a una autonomía que a través de la Junta les permitiera dirigir la política venezolana dentro del imperio, y mantenerse libres del dominio francés si España sucumbía”[33]. Al contrario de los más jóvenes al parecer sí promulgaban la independencia aunque siguieron vociferando proclamas a favor de Fernando VII. 
            El 24 de noviembre de 1808 se redactó un documento en donde: “Se pedía formalmente la formación de una Junta Suprema en Caracas… Poco después de presentado este documento comparecieron en la reunión los representantes de los cuerpos de milicias de pardos de Caracas… protestando contra el proyecto de establecer una Junta que, según insinuaron, podía estar orientada hacia la independencia, la cual rechazaron”[34].
La historiadora Inés Quintero en un artículo escrito conjuntamente con Wilmer Ávila, no niegan el impacto en Caracas de los sucesos en la península, es más, introducen un elemento importante porque para ellos son estos sucesos los que dividen aún más profundamente a la clase criolla de los peninsulares, así lo apuntan:
A mediados de 1808, y una vez enteradas las provincias de los hechos acontecidos en España, el pueblo demostró su fervor al Monarca con el rechazo que le hizo al enviado del usurpador, José Bonaparte, solicitando su reconocimiento como Rey aquel acto de fidelidad fue aprovechado por un grupo de ‘mantuanos’, dirigidos por Antonio Fernández de León, para plantear al Capitán General, Manuel de Casas, la necesidad de formar una junta similar a las que se habían formado en España… La junta no se constituyó. Descubierta la conjura, algunos de los firmantes del proyecto fueron arrestados… La consecuencia fundamental de esta conjura fue la ruptura definitiva entre los ‘mantuanos’ y las autoridades españolas. Estas respondieron a los primeros otorgando prerrogativas a los pardos y sustituyéndoles en el nivel preferencial que habían tenido los mantuanos[35].
Sin embargo, la misma historiadora Inés Quintero, en la biografía sobre  Francisco Rodríguez del Toro (“El Marqués del Toro”), nos muestra las circunstancias en las cuales se desenvolvió un hombre de la época, dicho personaje es el promotor de la  conformación de la Junta de Caracas en el año de 1808 (luego se demostró que sus cabecillas no tenían ninguna intención de conspirar, absueltos de toda culpa en abril de 1809). No obstante en un principio al saberse de la intención de la conformación de la junta, como ya es sabido, la primera reacción fue el apresarlos:
… el regente interino de la Real Audiencia, don Joaquín de Mosquera y Figueroa, fue someterlos a prisión y abrir causa contra todos los participantes. En su concepto la constitución de una Junta era un pretexto que se tomaba para aspirar a la independencia, así lo expresaba textualmente en el título de la comunicación que le envió a la Suprema Junta de gobierno del Reino a fin de informar los sucesos ocurridos en la provincia[36].  
            Ante tales acusaciones el Marqués del Toro sale al paso y las desmiente categóricamente, decía el Marqués en 1808:
¿Puede pensar en independencia aquel que por piedad de V.M. está colocado en el primer rango de esta capital, distinguido con el título de Castilla siendo coronel de un Cuerpo, y gozando de una fortuna más que mediana? ¿No sería lo mismo que arrojar el bien, y abrazar el mal? Pues en este estado me hallo yo. ¿Puede pensar en independencia aquel que considera que a ella le seguirá la ruina total de su Patria, compuesta de tan diferentes clases?[37]
Es curioso porque es un personaje que luego estará peleando en el bando patriota en busca de la independencia, pero para este momento, por las palabras de El Marqués del Toro, era inimaginable la independencia, y es aquí donde se comienza a complicar la compresión del proceso de independencia, por lo menos en los primeros años, puesto que no queda claro, por ejemplo si los sucesos de 1808, la intención de la conformación de una junta en Caracas, pueden catalogarse de pre-independentista, y sin en realidad en los planes de los ‘mantuanos’ estaba promulgar la independencia o resguardar el orden colonial.
Queremos finalizar esta pequeña revisión historiografía sobre nuestro tema, con dos publicaciones bastante recientes, con el fin de observar como está el estado de los estudios sobre nuestro tema, que no solo engloba al año de 1808 sino en una visión macro todo el proceso independentista, en este caso hemos prestados atención al periodo inicial, para poder determinar –como dijimos al comienzo– hasta qué punto la independencia fue o no un accidente.
La primera publicación es la revista el Desafío de la Historia, la cual cuenta con el aval de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela, dicha revista le dedicó en unos de sus números un Dossier a los sucesos de España de 1808, y en América especialmente en tres escenarios: Nueva España, Nueva Granada, Charcas y Venezuela.
El artículo de lo sucedido en Venezuela que es lo que nos ocupa, lo escribe Inés Quintero[38], en éste aparte de contarnos los hechos, concluye de esta manera en lo referente al carácter del movimiento: “No fue una conjura, muchos menos un movimiento que pretendiese obtener la independencia, sino, tal como lo demuestran los hechos, un acto de fidelidad a la Corona en defensa de la integridad del imperio”[39].
La otra publicación es la revista Memorias de Venezuela, editada por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura y por el Centro Nacional de Historia, en una edición especial del mes de marzo – del año 2009– titulada: 200 años después: Independencia y Revolución, aquí encontramos el ensayo de Lionel Muñoz Paz, él continúa la línea aclaratoria referente a la mal llamada conjura por la historiografía tradicional, viéndose que la fidelidad al Rey no tiene discusión:
De modo que la llamada conjura no fue tal. Se trató, más bien, de una iniciativa que buscó darle cumplimiento a un proyecto de resolución previa del Gobernador y Capitán General de Venezuela, Juan de Casas, en momentos en que la conformación de organismos similares en España era la forma de garantizarle al monarca la custodia de su  soberanía, mientras éste volvía al trono[40].
La importancia o lo que hace característicos a los hechos de 1808 fue la participación abierta de los mantuanos, los cuales no se habían manifestado fuertemente en los hechos anteriores que sí intentaban quebrar con la Monarquía, como lo fue los de Gual y España (1797) y la invasión de Francisco de Miranda (1806). En estos dos eventos la participación de los mantuanos –que de más está decir que es el estamento más rico y poderoso– fue para demostrar fidelidad al Rey y al orden colonial, cuestión que poco cambió al cabo de varios entre 1808-1810. Pues como se ha demostrado, y pese a que algunos estudiosos alegan lo contrario, todo indica que la fidelidad por parte de la sociedad a la Corona se mantuvo. De este planteamiento lo interesante es preguntarse cuándo, cómo, quiénes y por qué se fue resquebrajando la fidelidad al rey que tiene por consecuencia la ruptura política con España.
    





[1] Ponencia presentada en el Congreso de Historia Regional y Local en la Universidad Francisco de Miranda, Coro, Falcón-Venezuela, abril del 2009.
[2] Véase: F. Sol de Vila. Historia de España. Ediciones Ariel. Barcelona, 1957 Tomo VI, p. 311.
[3] Carlos García Cárcel. “Memoria de la España indómita, bicentenario de la Guerra de la Independencia”,  Muy Historia. España, no. 14, noviembre de 2007, p.11-12
[4] Ibíd.
[5] Ibídem, pp. 12.
[6] Véase la famosa “Confabulación de los artilleros”, la cual parece ser una prueba de la pre-determinación de los alzamientos el Dos de Mayo de 1808.
[7] F. Sol de Vila. Op. cit., p 316.
[8] F. Sol de Vila. Op. cit., p 295
[9] En Hispanoamérica el descontento también es fuerte producto de la crisis económica, ya que es sentida acá con intensidad, sobre todo en los intereses de los mantuanos.
[10] Entre las polarizaciones además de la mencionada (los seguidores de Godoy y los fernandistas), encontramos la suscitada entre los afrancesados contra los patriotas, así como el papel que juegan luego los denominados liberales contra estos grupos, en especial con los afrancesados.
[11] Lluís Roura, “los afrancesados”,  Muy Historia.  España, no, 14, noviembre de 2007, p.39
[12] El rey Carlos IV, la reina María Luisa y  Godoy  fueron a Bayona en calidad de refugiados, con la intención de conseguir el “favor” del Emperador, para restituirlos en la Corona, al igual que Fernando VII el cual partió hacia Bayona confiado en que El Emperador lo reconocería como Rey de España.
[13] Carlos IV en F. Sol de Vila. Op. cit., pp. 298-299.
[14] F Sol de Vila. Op cit., p. 311
[15] Ibídem. p. 298
[16] Ibíd.
[17]Lionel Muños Paz, “La conjura de 1808. ¿Preludio de la Independencia?”, Memorias de Venezuela. Caracas, número especial,  marzo de 2009, p.7
[18] Con la revisión historiográfica se nos presentó un problema, nos detenía la cuestión de qué referencias incluir con el fin de no extendernos en demasía, sin embargo hemos escogido los considerados “clásicos” y las publicaciones más recientes, esto último con el objeto de observar a la luz de nuestros días el tema.
[19] CARRERA Damas, Germán. Una nación llamada Venezuela. Caracas, Monte Ávila Editores. 2006, p. 52.
[20] BARALT, Rafael María. Obras Completas. Universidad del Zulia, Maracaibo, Venezuela. 1960, Tomo I,        p. 593
[21] Ibídem. p. 603
[22] Véase CARRERA Damas, Germán. Op cit., p.32.
[23] GONZÁLEZ Guinán, Francisco. Historia contemporánea de Venezuela. Ediciones de  la presidencia de la república de Venezuela, Caracas. 1954, tomo I, p. 15
[24] Ibídem. p. 16
[25] SISO, Carlos. La formación del pueblo venezolano.  Editorial García Enciso, Madrid. 1951, tomo II, p.236
[26] Instituto Panamericano de Geografía e Historia, comisión de Historia (Comité de orígenes de la emancipación). El 19 de abril de 1810. Caracas, 1957.
[27] BASADRE, Vicente. Versión del Intendente de ejército y Real hacienda. En Instituto Panamericano de Geografía e Historia, comisión de Historia (Comité de orígenes de la emancipación). Op. Cit., p. 46 
[28] Como  ya dijimos puede interpretarse de diferentes maneras.
[29] GALLEGOS Ortiz, Rafael. La historia política de Venezuela, de Cipriano Castro a Pérez Jiménez. Monte Ávila Editores, Caracas, 1893, pp. 34-37.  
[30] Véase nota numero 19.
[31] CABALLERO, Manuel. De la “pequeña Venecia” a la “Gran Venezuela”.  Monte Ávila editores latinoamericana. Caracas, 1997, pp. 29-31.
[32] PÉREZ VILA, Manuel, "Conjura de los Mantuanos". En: Diccionario de Historia de Venezuela (versión impresa). Fundación Polar, Caracas, 1997, pp. 1006-1008.
[33] Ibídem. p. 1008.
[34] Ibíd.
[35] QUINTERO, Inés, AVILA Wilmer. “Primera y segunda repúblicas”. En Historia Global de Venezuela.  Editorial Globe, Caracas, 2006, p.53
[36] QUINTERO, Inés. El último Marqués. Fundación Bigott,  Caracas, 2005, p. 87-88.
[37] Ibídem. p. 89.
[38] No es casualidad, ya que la profesora ha sido una de las más le ha interesado el tema, tiene una obra dedicada: la conjura de los Mantuanos, Caracas, UCAB, 2002.
[39] Inés Quintero, “Leales al Rey y a las leyes del reino”,  El desafío de la Historia. Caracas, año 1, no 6, pp. 53-59.
[40] Lionel Muños Paz, “La conjura de 1808. ¿Preludio de la Independencia?”, Memorias de Venezuela. Caracas, número especial,  marzo de 2009, p. 8-9.

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